
El poeta Antonio Deltoro alguna vez nos dijo: Quien lee a Platón es Platón. Ahora que estoy leyendo a Sahagún quiero decir que soy Sahagún. Me identifico con Bernardino de Sahagún y descubro similitudes. Él habla de las epidemias que hubo en sus días, y se contagió de la peste, dice:
... diome a mi la enfermedad y estuve muy al cabo.
Lo mismo me pasó cuando me dió la influenza. Aunque algunos digan que es un invento o una mentira del gobierno, si es invento que gran invento, que lo patenten como arma biológica, si es mentira porqué el mundo cree una mentira que no lo reconforta. Yo daría todo porque fuera una mentira. Perdí amigos, supe quien estaba conmigo. Los síntomas que se dijeron fueron los mínimos, o sólo que a mí me haya dado más fuerte la enfermedad: la sequedad de la garganta por la tos que llega a un efecto cáustico comparable al envenenamiento, hay unas yerbas que producen el adormecimiento del gusto y se usaban para que los venenos no supieran y fueran ingeridos. Ese fue UNO de los síntomas que me hizo saber que no era una gripe común. Dejé de hacer ejercicio en esos días y eso es trágico, a los que praticamos ejercicios los instructores nos dicen Un Atleta no se enferma, y comprobar lo contrario es muy desalentador. Pero eso pasó y ahora me identifico con Bernardino. Parece que ser escritor en México es para vivir todo, y las epidemias incluidas. Sor Juana también se contagió. Así sentimos esta ciudad.





